Que el Gobierno del DF estaba desesperado por encontrar un lugar donde colocar a los comerciantes ambulantes desplazados por el Plan de Rescate del Centro Histórico.

Que para ello se acordó con sus líderes que iban a ser reubicados en plazas comerciales especialmente construidas para ellos, aun cuando no había terrenos disponibles para ello.

Que para cumplir con su promesa, el Gobierno del DF no encontró nada mejor que demoler 14 edificios del Centro Histórico, 2 de los cuales estaban protegidos por ley dado su valor patrimonial. Uno de ellos era el inmueble ubicado en la calle de Regina 97, también conocido como Casa de los Camilos o de las Calderas, construido entre los siglos XVIII y XIX.

Que en 1994 el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) había advertido al propietario del inmueble sobre las precarias condiciones en que éste se encontraba. En los siguientes 13 años no se hizo absolutamente nada al respecto, salvo que el INAH volvió a escribir otro oficio relativo al tema en 2004, sin iniciar ninguna acción concreta para revertir la suerte de lo que quedaba de la casa. Para ser justos, ni una de las otras instituciones encargadas de salvaguardar predios de este tipo (GDF, Delegación Cuauhtémoc, Patronato del Centro Histórico, Dirección de Sitios y Monumentos de CONACULTA) hizo mucho para salvar el inmueble. O quizás fue la misma profusión de instituciones, algo muy mexicano por lo demás, la que impidió una efectiva acción patrimonial, haciendo que cada organismo pudiera tirarse la bolita fácilmente a la hora de asumir sus responsabilidades.

Que para la fecha de su demolición en 2007, la casa se encontraba en una situación deplorable, poniendo incluso en riesgo la integridad de las personas que transitaban frente a ella diariamente. Para esa fecha el techo se había desmoronado, las vigas de madera se encontraban en avanzado estado de putrefacción, el sistema de entrepisos era inexistente en un 90 por ciento[i], y los únicos habitantes del recinto era un grupo de ratones que pernoctaba allí a falta de un lugar mejor.

Que a pesar que la demolición del inmueble fue a plena luz del día y a vista y paciencia de todo el mundo, el INAH se animó a hacer una denuncia penal por la misma sólo cuando de la Casa de los Camilos quedaba el puro recuerdo.

Que ante las denuncias del INAH, Elena Cepeda de León, titular de la Secretaría de Cultura del GDF señaló en febrero de 2008, que “ese asunto ya pasó, ahora es necesario enfocarnos en otras cosas”. La señora Cepeda de León sigue en su cargo.

Que en marzo de 2008 se concedió un amparo a Emiliano Reyes Martínez, propietario del inmueble, que dejaba sin efecto el decreto de expropiación del inmueble emanado del Gobierno del DF. Cuando el amparo salió a la luz, la casa ya estaba en el suelo y los ambulantes instalados en sus flamantes puestos. En julio de 2008 el GDF perdió la revisión del recurso de amparo, siendo obligado por la justicia a indemnizar a Reyes Martínez, quien ni corto ni perezoso exigió la restitución total del inmueble en el estado que se encontraba originalmente. En otras palabras, el GDF debería devolver – según se prefiera – como nueva una casa en ruinas, o como ruina una casa nueva.

Que en el mismo mes de marzo de 2008 Jorge Arganis, titular de la Secretaría de Obras del GDF, anunció que la casa de los Camilos se reconstruiría de acuerdo a un proyecto acordado en conjunto con la gente del INAH. Según lo informado por El Universal, la propuesta incluía restituir la fachada y construir un centro cultural en su interior, típico programa elegido para calmar espíritus algo agitados por un escándalo urbano. A los pocos días, Benito Taibo, coordinador de Difusión del INAH, negó la existencia de dicho acuerdo.

Que quien hoy día vaya a Regina 97 podrá apreciar que la fachada no se ha reconstruido, que del centro cultural no hay ni la más mínima señal, que a decir verdad no se ha construido nada de nada, y que lo que recibe al visitante es la música estridente de las bocinas de los ambulantes instalados en el predio.

Que este caso digno del mejor Kafka demuestra que el patrimonio en esta ciudad importa poco y nada, que con tal de deslindar responsabilidades los funcionarios públicos son capaces de dar las respuestas más inverosímiles, y que los guardianes del patrimonio generalmente aparecen sacándose los ojos de indignación sólo cuando éste ya se encuentra en el suelo. Su apasionada defensa de lo perdido suena más aprovechamiento político de la situación que a real preocupación por las construcciones históricas de la ciudad.

Que queda claro que la casa de Regina 97 era un cadáver urbano mucho antes de ser demolida, muerto lentamente en frente de las narices de todos los ciudadanos. Las promesas por reconstruirla no tienen pies ni cabeza, y sólo responden a un esfuerzo por esconder el entuerto hasta que la gente se olvide de él. En este sentido, mejor que construir una copia de algo irreemplazable es levantar un edificio moderno de primer nivel que ayude al proceso de renovación ya iniciado en la calle de Regina.

Que lo más probable es que no pase absolutamente nada en dicho terreno, y que los ambulantes se queden allí por muchos años más. De hecho, y si el GDF se espera unos cinco siglos sin alterar el actual paisaje, es muy probable que las futuras autoridades de la ciudad declaren a la plaza de ambulantes de Regina 97 como monumento histórico. En una de esas resulta buena idea conservar todo tal cual está ahora, para que las generaciones venideras puedan apreciar así un fiel reflejo de las políticas urbanas de toda una época. Seguramente se sorprenderán.

Para finalizar

La página web de la Secretaría de Turismo del GDF sigue promocionando la visita a la Casa de los Camilos a los turistas extranjeros, quienes de seguro se van a llevar una gran sorpresa. Es cosa de ir a http://www.turismo.df.gob.mx/detalle.php?id_pat=3899&idioma=po&idioma=en.


[i] La Jornada, 14 de febrero de 2008

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