Por Metrópoli 2025.

16 de diciembre de 2008.

Hace unas semanas, en el trayecto de Periférico correspondiente al 2º piso, volvieron poco a poco a aparecer los anuncios espectaculares que, al menos en esa pequeña parte de la ciudad, estuvieron ausentes durante cerca de dos años. ¿Por qué ocurrió?

¿Un retiro temporal pactado?

Andrés Manuel López Obrador como Jefe de Gobierno y los funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, prometieron en repetidas ocasiones que limpiarían las vialidades primarias de los miles de anuncios espectaculares y sus armazones metálicas que afeaban y contaminaban visualmente (y lo siguen haciendo) a la ciudad.

Luego de muchas escaramuzas legales y verbales entre el gobierno y las empresas publicitarias que colocaban los anuncios, pareció que se llegaba a algún acuerdo, que no fue público. Pero todo indica que era un acuerdo parcial porque no implicó el desmonte de todos los espectaculares en todas las vías primarias, sino en la obra magna de AMLO- el 2º piso en Periférico – y temporal, porque en ese corto tramo se desmontaron las superficies de colocación de los anuncios pero no los soportes verticales de acero que los sostenían. Así permanecieron desde entonces.

Hoy, son esos mismos soportes los que han recibido nuevamente las superficies de anuncios, los anuncios mismos y la publicidad de las empresas publicitarias que los manejan. Todo indica que es una burla más del GDF para los ciudadanos que queremos una ciudad libre de contaminación visual por anuncios mercantiles y políticos de este tipo.

Se multiplicaron otras formas publicitarias

Mientras esperábamos confiados que se desmontaran los anuncios espectaculares en todas las vías primarias, sin que el día llegara de ver libre de ellos a la ciudad, aparecieron otros anuncios,”las vallas”, más pequeños pero igualmente agresivos por colocarse a la altura de los ojos de los automovilistas y transeúntes. Se nos dijo que las vallas serían para cercar los terrenos en construcción o baldíos, “para mejorar su apariencia”; pero un poco más tarde multiplicaron como hongos en todas las bardas posibles, formando largas filas, o a veces dobles filas. Hoy los hallamos en todos los rumbos, hasta en las colonias residenciales de todos los grupos sociales.

Simultáneamente, sigue aumentando el número de edificios cuyas fachadas son usadas como anuncios megaespectaculares (perdón por la espuria palabrita) en cualquier rumbo; y se multiplicaron los camiones de transporte público pintarrajeados por todos lados, menos por el piso, de anuncios mercantiles.

Una ciudad – anuncio mercantil

No cabe duda de que los dos últimos gobiernos nos han engañado o no nos han dicho la verdad sobre su política hacia los anuncios publicitarios, ni siquiera sobre los espectaculares. Han prometido y prometido que desaparecerán, pero ahí siguen multiplicándose. Al mismo tiempo, han aparecido y aumentado nuevas formas publicitarias visibles en las calles y tan agresivas visualmente como las anteriores. Es claro que el gobierno local y los delegacionales no hacen nada para impedir los nuevos anuncios, y mucho menos para limpiarla de los acumulados, porque son públicos los nombres y teléfonos de los anunciantes y empresas publicitarias. Suponemos, por tanto, que son permitidos o tolerados.

Lamentamos que este gobierno, que siempre está tratando que la ciudad de México, DF se parezca a alguna otra ciudad del mundo desarrollado, no haya vuelto sus ojos hacia las ciudades donde hay un estricto control o prohibición de la publicidad exterior, y donde los visitantes tenemos el placer de ver los techos y las fachadas viejas y nuevas en su forma original y libre. Y lo lamentamos aun más que sea a nombre de un partido “de izquierda”. Se ha convertido a la capital del país – cuyo Centro Histórico es patrimonio de la humanidad – en una ciudad – anuncio mercantil, en un enorme escaparate publicitario, sostenido en esqueletos metálicos oxidados, fachadas recubiertas de agresivos colores y diseños, y anuncios rodantes.

Queremos una ciudad limpia de grandes anuncios exteriores, en la que veamos los techos y las fachadas, cultas o populares, libres de esqueletos metálicos, sin luces multicolores cegadoras, que llamen a caminar por ella, a gozar de ella, a los turistas y, sobre todo, a los habitantes que la han construido con su trabajo y sus impuestos. Estamos seguros que esta limpieza visual hará más por el turismo que costosos logotipos prefabricados o millones de dólares invertidos en publicidad. ¿No creen ustedes?