Por Metrópoli 2025.

23 de diciembre de 2008.

Asumimos que titular nuestro boletín de fin de año como “Lo bueno, lo malo y lo feo” tiene poco y nada de novedoso. Es cosa de tipear el título de esta columna y aparecerán más de 195,000 entradas en Google, la mayoría no referidas al spaghetti western de Sergio Leone que tenía de protagonistas a Clint Eastwood (el bueno), Lee van Cleef (el malo) y Eli Wallach (el feo), y que inmortalizó los silbidos de Ennio Morricone. Sin embargo, el título de marras, adaptado según las circunstancias, sigue siendo un arma efectiva para hacer el balance del año que se va, especialmente para aquellos que gustan de ver el lado oscuro de la vida, ya que los aspectos positivos sólo ocupan un 33.3% del  total del análisis.

Ahora bien, en lo que respecta a nuestra ciudad, al parecer este porcentaje fue más que generoso, porque lo primero que se viene a la cabeza al hacer este resumen fueron sólo malas noticias: los tristemente célebres secuestros y posteriores asesinatos de Fernando Martí y Silvia Vargas más los otros cientos que tienen como víctimas a personas y familias sin prensa ni recursos, las doce muertes sin sentido en la New’s Divine, la caída del Learjet 45 en la noche de Lomas de Chapultepec, la crisis económica que parece ser algo más que una simple gripa, el ascenso rampante de las víctimas inocentes en la guerra que sostienen los cárteles del narcotráfico entre ellos y con las fuerzas de seguridad, los casos de corrupción que afectan a altos funcionarios de gobierno y la policía… En fin, todo parece indicar que el 2008 no será recordado como uno de los años más brillantes en la historia de la ciudad y el país.

No nos dejemos engañar: el año que se va no fue bueno para México, y ya estamos advertidos que el que vendrá no será nada de fácil. Hacer la vista gorda con los hechos antes mencionados sería pecar de miopía. Un mínimo de objetividad indica que deben ser incluidos en cualquier balance anual, aunque nos pese, aunque nos duela, aunque nos moleste Sin embargo, creemos que también en este año hay cosas que celebrar, eventos o situaciones que han hecho de la ciudad de México un mejor lugar para vivir, y que quizás olvidamos por la ola de violencia, corrupción e impunidad que se toma día a día los noticieros y las portadas de los periódicos. Hacer el ejercicio de rescatar lo rescatable no fue una tarea fácil, pero después de pensar y reflexionar por un rato, las buenas iniciativas rápidamente empezaron a salir a flote. Son estas acciones, algunas ciudadanas, otras gubernamentales, las que nos permiten creer que un futuro mejor es posible, que no todo está perdido, y que con esfuerzo se puede salir adelante.

Como todo recuento anual, el nuestro es subjetivo. Es más que probable que hayamos omitido algunos hechos y sobredimensionado otros. Nunca nos pondremos todos de acuerdo, especialmente cuando nos ponemos como regla el seleccionar sólo tres noticias en cada una de las categorías de esta revisión. En este sentido, procuramos cubrir el más amplio espectro de temas que atañen a la ciudad, desde la seguridad al transporte, de la cultura al medio ambiente, pero siempre mirando los acontecimientos desde una óptica ciudadana, comprometida con mejorar el espacio donde vivimos.

¿No le parece adecuada nuestra selección? No hay problema, con ella sólo pretendemos iniciar un diálogo que nos permita tomar distancia y debatir ampliamente cómo mantener lo bueno, eliminar lo malo, y embellecer lo feo.

Lo Bueno: la calle es para los ciudadanos

1) La marcha de Iluminemos México y la expresión pacífica de ciudadanos hartos de violencia, delincuencia e impunidad

La manifestación del pasado 30 de agosto supuso un quiebre en la manera en que el tema de la seguridad se trata en el país. Las miles de personas congregadas en el Zócalo y otras tantas ciudades de México y el mundo enviaron un claro mensaje a las autoridades políticas de todos los colores: estamos aburridos no tanto de la delincuencia, sino más que nada de su incapacidad para enfrentarla.

Podrá decirse que el pliego de peticiones de los organizadores es vago y hasta contradictorio, pero lo importante no es tanto este petitorio como el hecho de haber podido congregar a una multitud sin desbordes ni escándalos, una multitud harta de impunidad e inseguridad y que respondió a las continuas agresiones con un mensaje de paz y tolerancia. La marcha, sumada al Acuerdo Nacional de Seguridad firmado en agosto pasado, sienta las bases de una participación ciudadana más activa en los temas de seguridad, cuyos resultados concretos se espera comiencen a materializar en un futuro cercano.

Si la clase política acusó real recibo de esta manifestación aún está por verse, pero al menos no podrán esquivar el tema de manera tan fácil como lo hicieron hasta ese día. El “si no pueden, renuncien” de Alejandro Martí en su momento remeció al país, y fue aceptado como un mandato claro y válido de alguien que a través de su desgracia personal se hizo vocero del sentimiento mayoritario de la ciudadanía. Al menos Felipe Calderón tuvo la honestidad de decir el 28 de noviembre pasado que “las cifras aún son indignantes”, aunque hasta el momento nadie se ha dado por aludido dando un paso al costado cuando de ineficiencia se habla.

Es de esperar que el entusiasmo ciudadano no se apague como tantas otras veces, y que lo que comenzó como un reclamo desesperado se materialice en soluciones rápidas y concretas, mas no apresuradas, al drama de la inseguridad que hoy día vive la mayoría de los mexicanos.

2) El tren suburbano y los proyectos que pretenden cambiar la manera de transportarse en la ciudad

El flamante tren que recorre entre Buenavista y Cuautitlán no sólo es rápido, cómodo y silencioso. También supone un avance sustantivo en la calidad de vida de miles de personas que diariamente tienen que viajar entre el DF y el Estado de México. Muchos de los nuevos usuarios ahorran hasta dos horas diarias movilizándose en un medio que además promete valorizar las áreas adyacentes a las estaciones, hoy en franco deterioro. El tren, que tiene poco o nada que envidiarle a sus símiles europeos, cuenta además con estaciones limpias, cómodas y accesibles para personas con discapacidad, todo un logro en el transporte público metropolitano.

El siguiente paso es articular de una vez por todas, un sistema de transportes metropolitano integrado y sustentable que comunique al Distrito Federal con los municipios del estado de México. En un escenario así, cobran especial importancia las ciclopistas (de las que se anuncian 60 nuevos kilómetros en el DF el próximo año) y las nuevas  rutas de Metrobús, que pretenden no sólo movilizar más gente de una manera más cómoda, rápida y segura, sino además desincentivar el uso del automóvil, cuyo número creciente constituye el gran enemigo que enfrenta la movilidad en la ciudad. Hacer esto implica instaurar autoridades metropolitanas de transporte cuyo poder de decisión esté por sobre los gobiernos locales. ¿Será mucho pedir? Probablemente sí, si ni siquiera se han podido poner de acuerdo para ocupar la misma tarjeta de prepago en el Metro, Metrobús y tren suburbano.

3) La organización de eventos para el goce del espacio público por parte de los ciudadanos

Es cierto que producen congestión vehicular. También es cierto que muchas veces provocan molestias a los vecinos que tienen que soportar el ruido y la basura que dejan sus asistentes. También es cierto que algunos de ellos, como la pista de hielo en el Zócalo, pueden ser cuestionables desde el punto de vista urbano y estético. Sin embargo, es preferible pagar el costo que tienen estos espectáculos masivos en el espacio público a no realizarlos. En este sentido, es un hecho que durante el último año las autoridades de la ciudad se han esforzado en promover actividades que recuperen el espacio público para los ciudadanos, ya sea a través de conciertos, exposiciones o desfiles. La más visible de estas iniciativas, los domingos en bicicleta, ha devuelto en parte la noción que la calle se hizo no sólo para moverse, sino también para gozarla, incentivando de paso el uso de un medio de transporte cuya masificación la ciudad de México pide a gritos.


Lo Malo: una permanente sensación de inseguridad e impunidad

1) La tragedia de la New’s Divine y la sensación de inseguridad e impunidad que se apodera de la ciudad

Los 9 jóvenes y 3 policías que murieron en la tarde del viernes 20 de junio no fueron víctimas de un accidente, sino el resultado lógico y esperable de una manera irresponsable de enfrentar los negocios y ejercer la labor policial. Un lugar abarrotado de menores de edad, que superaba largamente su máxima capacidad y que no contaba con las mínimas condiciones para garantizar la seguridad de sus clientes era el escenario propicio para que se desatara una de las más grandes tragedias que esta ciudad recuerde en su historia reciente. Sólo faltaba la chispa que detonara el desastre, y esa chispa la proporcionó el actuar desproporcionado y carente del más mínimo criterio de los elementos policiales que acudieron a ese infierno. Su falta de profesionalismo y el abuso de autoridad del que hicieron gala quedaron plasmados en decenas de videos que inundan Youtube, y que mientras más se ven más indignación e impotencia provocan.

La New’s Divine llevaba doce años funcionando con un permiso obtenido nadie sabe cómo; sin embargo, y en vez de fiscalizar al dueño y sus instalaciones, se decidió aplicar el celo de la ley contra un grupo de adolescentes que sólo aprovechaba las licencias que el mismo sistema les da. Los jóvenes que se salvaron de morir fueron tratados salvajemente, existiendo testimonios que indican que las mujeres fueron objeto de abuso sexual. Por otro lado, y para tapar evidencias que los pudieran incriminar, los policías les quitaron los celulares a sus víctimas para que no pudieran grabar lo que allí ocurría. Por si fuera poco, y para terminar, los testimonios recogidos de testigos que estaban en el lugar coinciden en señalar en que el auxilio médico prestado a los heridos fue tardío, por no decir indolente. Una vergüenza por donde se le mire.

El saldo trágico de esa tarde no hizo más que mostrar en toda su magnitud la impunidad con que actúan los miembros de un sistema donde nadie se hace responsable de nada.

2) El aumento de los secuestros y de la violencia producto de la guerra al narcotráfico

Las estadísticas hablan por sí solas: en los primeros 11 meses del año 943 personas fueron secuestradas en todo México; de ellas un tercio fue atacada en el DF o en el estado de México, las entidades con mayor número de este tipo de delitos en todo el país. Esto supone un aumento de casi un 50% respecto al año anterior, una cifra que no muestra mayores visos de disminuir. Por otro lado, cada día más de 15 personas son asesinadas en el marco de la guerra que los cárteles del narcotráfico tienen entre sí y con las fuerzas policiales y militares. Los números indican que en 2007 por cada 100,000 habitantes se produjeron 573 robos, 77 delitos contra la salud, 27 homicidios y 0.6 secuestros. Aunque aún no se dan a conocer las cifras de 2008, hay coincidencia entre los especialistas en que éstas son mucho peores. Sin embargo, lo más terrible es que se calcula que casi el 90% de los delitos no se denuncian en el país, señal inequívoca de la poca confianza que tienen los mexicanos hacia sus instituciones judiciales y policiales.

La sensación de impunidad cunde entre la población, y razones no faltan para ello. Sólo una ínfima parte de los casos policiales se resuelve, y finalmente son muy pocos los que pagan condena en los atestados reclusorios de México. Tal como lo señaló Nelson Vargas, si él, con sus recursos y sus contactos al más alto nivel recibió el peor de los tratos por parte de las instituciones encargadas de la seguridad del país, qué pueden esperar los millones de mexicanos que no cuentan con dinero, con prensa, ni con llegada a las esferas de poder.

Es más que probable que la seguridad nuevamente sea tema número uno en 2009. Sólo queda esperar que en doce meses más no nos encontremos una vez más consignando tristes récords que nadie quiere celebrar. La guerra no está perdida, pero ya son muchas las derrotas en batallas que cada día se hacen más insoportables para la población.

3) El aumento sostenido de la congestión vehicular en la ciudad y la existencia de políticas de transporte ambiguas

A pesar de la millonaria inversión hecha en infraestructura vial en los últimos años, o quizás a causa de esto mismo, moverse en la ciudad de México se hace cada vez más lento, incómodo e inseguro. Las estadísticas son elocuentes: sólo en el DF hay 3.5 millones de vehículos motorizados, y su número se incrementa entre un 10 y un 15% cada año, lo que se traduce en una disminución progresiva de la velocidad promedio de desplazamientos, que bajó de 38.5 kilómetros por hora en 1990 a 21 kilómetros por hora en 2005.

Las políticas gubernamentales en el tema de la movilidad, lejos de combatir el problema de fondo, en gran medida lo incrementan, estableciendo incentivos para la compra de automóviles. Al ya absurdo subsidio a las gasolinas se suman obras viales como segundos pisos y supervías que neutralizan los esfuerzos que las mismas autoridades gubernamentales hacen para proveer a la ciudad de un sistema de transporte sustentable. En otras palabras, las ciclopistas y nuevas líneas de Metrobús, inversiones tremendamente necesarias, constituyen esfuerzos inútiles si no se toman medidas concretas, como el establecimiento de peajes urbanos y la instalación de parquímetros, que desincentiven el uso del automóvil.

Hay que aceptarlo, la superficie vial de la ciudad de México no se puede seguir multiplicando al mismo ritmo que el crecimiento del parque vehicular. Negar esta realidad es darse de cabezazos contra una pared durísima, ejercicio que nuestras autoridades debieran dejar de practicar por un rato e imitar lo que se aplica en otras ciudades del mundo desarrollado, donde los peatones y usuarios del transporte público son los ejes centrales de toda política de transporte.


Lo Feo: un permanente diálogo de sordos

1) Las mantas como una demostración de la ausencia de diálogo en la ciudad

Se han multiplicado en los últimos meses, cubriendo calles y fachadas. En una ciudad donde el Jefe de Gobierno del DF no reconoce ni habla con el Presidente, donde el mismo Jefe de Gobierno tampoco habla ni se coordina con el Gobernador del Estado vecino, con quien comparte la misma ciudad, donde los delegados y presidentes municipales de distinto partido tampoco se hablan, donde las organizaciones ciudadanas tampoco se hablan entre ellas y menos con las autoridades gubernamentales, no es de extrañar que las mantas se hayan convertido en el canal normal de expresión, triste evidencia de nuestra incapacidad para dialogar.

Horribles testimonios de una sociedad que descarta los acuerdos de plano, las mantas no sólo plantean posiciones ante un tema, también difaman e insultan gratuitamente, amparadas por el anonimato de quien muchas veces no se atreve a firmarlas. Método predilecto de narcotraficantes para propagar rumores, las mantas ya fueron adoptadas no sólo por vecinos, sino también por muchas autoridades que creen que esta es la mejor manera de comunicarse con la ciudadanía. Como si se vieran muy bonitas.

2) La remodelación de la Plaza de Coyoacán como el mejor ejemplo de una manera de hacer (o no hacer) ciudad

Se prometía una renovación completa de uno de los espacios más bellos de la ciudad. Sin embargo, después de varios meses de inactividad parece que todo va a quedar igual que antes, con la plaza de Coyoacán inundada de ambulantes, chamanes, tarotistas y similares. Este proceso de mal llamada “renovación urbana” es quizás el mejor exponente – no siendo el único – del gatopardismo en la ciudad, donde se invierte infinidad de tiempo y recursos para que las cosas queden tal cual como estaban antes. Los únicos perjudicados con todo esto son los comerciantes establecidos, arruinados por las obras, y los miles de ciudadanos que durante meses se han visto privados de gozar de un lugar como pocos en la ciudad.

3) El problema insoluble de la basura

Se prometió una revolución en este ámbito, que incluía la modernización de un servicio anacrónico y disfuncional. Sin embargo, pasan los meses y el Bordo Poniente aún no se cierra, no se construyen las plantas de reciclaje, y el sistema de recolección y manejo de la basura sigue siendo administrado de una manera tremendamente artesanal y poco amigable con el medio ambiente.

Se promete que todo va a cambiar en 2009, cuando se empiece a multar a quienes no separen la basura en su hogar, como si con esto se fuera a arreglar un problema cuyas causas son estructurales. Hace rato debiéramos haber aprendido la lección que dice que en esta ciudad las multas sólo benefician a quien las cobra.

No se saca nada teniendo una legislación ambiental moderna (que de hecho existe) si el sistema va a seguir siendo operado de la misma forma que en los últimos cien años, con una fuerte presencia del sector informal, única en países del nivel de desarrollo de México. Ya viene siendo la hora que nuestras autoridades entiendan que una política integral de tratamiento de residuos no puede estar basada en propinas a los recolectores, que en un sistema moderno los camiones pasan una o dos veces por semana en días preestablecidos, y que en esos días la gente deja su basura en la calle en contenedores del mismo tamaño. Por otro lado, si se quiere reciclar hay que facilitar la tarea a los ciudadanos, proveyéndoles basureros estandarizados en los cuales  puedan clasificar fácilmente sus desechos. Multar a los infractores con dinero ha probado ser poco eficiente, a la vez que  crea un estupendo nicho de corrupción. En este sentido, la experiencia internacional indica que la mejor manera de castigar a quienes no separen sus residuos es precisamente no recogiéndoselos.

Modernizar la recolección y tratamiento de la basura requiere necesariamente terminar con un sistema clientelar profundamente arraigado y que beneficia a autoridades gubernamentales y líderes de pepenadores y recolectores, pero que tiene nefastas consecuencias en el medio ambiente y la salud pública.