Por: Demetrio Sodi de la Tijera.

13 de enero de 2009.

De convertirse en realidad los resultados de las encuestas, el PRI será el triunfador en las elecciones del próximo año y su triunfo significará un regreso político al pasado.

El PRI no ha cambiado, es prácticamente el mismo que perdió las elecciones del 2000 y 2006. Sus liderazgos en las cámaras, el partido y sus sectores están en manos de priistas de la vieja guardia y las caras nuevas que vemos en los gobiernos de los estados son descendientes de grupos políticos que representan las viejas prácticas de autoritarismo, abusos y corrupción.

Por otro lado, hay que reconocer que el PRI ha hecho su tarea y ha aprovechado la ineficacia de los gobiernos panistas y los extremos del perredismo. Sin embargo, si analizamos cómo funcionan la gran mayoría de los gobernadores priistas en los estados de la República, veremos que el PRI no ha cambiado.

Los gobernadores son auténticos dictadorzuelos que controlan por cualquier vía, dinero y amenazas al Congreso local, al Poder Judicial, a la Procuraduría, los órganos electorales y comisiones de derechos humanos y acceso a la información y a los presidentes municipales.

El autoritarismo, la corrupción y el caciquismo no sólo no han disminuido a nivel estatal y municipal sino que han aumentado al no existir el poder presidencial que los controlaba y limitaba. La dirigencia priista ha protegido esos excesos, como lo hemos visto en Oaxaca, Puebla, Sonora, Coahuila y Tamaulipas, entre otros, con tal de mantener la unidad del partido y recuperar la presidencia de la república.

Los avances democráticos que se observan a nivel federal no se han dado en la mayoría de los estados y municipios y, de hecho, en muchos casos ha habido severos retrocesos sobre todo por la corrupción y falta de transparencia.

La ciudadanía no desconoce todo lo anterior; sin embargo, está desilusionada de los gobiernos panistas, y aun cuando el Presidente de la República mantiene una buena imagen, un porcentaje muy alto de la población no cree que su gobierno pueda con el paquete del narcotráfico, la inseguridad y la crisis económica.

Son ya 8 años de gobiernos panistas a nivel federal y la población está cada día más desilusionada del panismo y temerosa del perredismo.

Es cierto que la guerra contra el narcotráfico tenía que darse y que el problema se gestó durante los gobiernos priistas; sin embargo, la gente siente que antes vivía más tranquila y segura.

Por otro lado, hace mucho que no prevalecía una actitud tan pesimista sobre la economía y el empleo como la que existe en estos momentos entre la mayoría de la población.

Todos estos factores estarán presentes en las elecciones de julio del próximo año y, de no suceder un verdadero milagro, lo más seguro es que el PRI gane las elecciones y, con ello, el país y nuestra democracia sufrirán en el 2009 un “regreso al pasado”.