Por: Metrópoli 2025

Según lo informado por El Universal el 14 de junio de 2008[i], el contrato firmado entre la Secretaría de Seguridad Pública del DF y las cuatro empresas que tienen la concesión de grúas en la capital establece que durante 2009 se deberá hacer un millón 260 mil arrastres de vehículos mal estacionados a los 29 corralones ubicados a lo largo y ancho de la ciudad. Considerando que la multa para sacar un automóvil de estos lugares asciende a un mínimo de 530 pesos, se desprende que este año se pretende recaudar la nada despreciable suma de 667 millones 800 mil pesos, nada de mal para un negocio que deja la mitad de esa cantidad en las arcas del Gobierno del DF.

En todo caso, la tarea no va a ser nada fácil, especialmente considerando que hasta el año pasado el promedio de arrastres era de 4.85 al día por cada grúa. A este ritmo, se necesitarían poco más de 700 grúas en la capital para alcanzar la meta, número que triplica las unidades actualmente existentes, pero que no es tan descabellado si las empresas y la SSPDF se esfuerzan un poco más en la tarea de ubicar y acarrear automóviles estacionados más allá de la ley.

¿Cuál es el propósito de arrastrar tanto coche?

La explicación oficial es que se trata de educar a la población, que en gran número manifiesta conductas altamente censurables a la hora de ponerse detrás de un volante. Loable propósito, pero todo indica que el objetivo último de esta fiscalización de tránsito no es tanto educar a la población y castigar a los culpables, sino más bien recaudar generosas cantidades de dinero en un negocio que es espectacular por donde se le mire. En este sentido, la meta impuesta a los concesionarios actúa como un incentivo perverso, puesto que ellos harán todo lo posible para cumplir con su cuota, aprovechándose de las debilidades de un sistema que deja en la más absoluta indefensión al automovilista infraccionado, a quien sólo le queda resignarse y pagar sin reclamar el importe de la multa. En este sentido, no son pocos los abusos que se reportan cada día por parte de los gruyeros, quienes son tristemente célebres por abusar de su condición de poder para obtener mordidas de automovilistas que no se hacen mayor problema para deslizar un billete que les evite el engorroso trámite de retirar sus vehículos del corralón. Claro que también hay denuncias de extorsión, en las cuales los afectados dicen haber sido acusados de faltas de tránsito que jamás cometieron. Es decir, por impedir la comisión de una falta menor se da pie a la comisión de un delito mayor en nuestras calles. Sólo basta chequear las denuncias de la sección En Voz Alta de este medio para comprobar la veracidad de esta afirmación.

No es nuestro propósito defender a los malos automovilistas en estas líneas, pero sí es necesario dejar en claro que todos los procedimientos de fiscalización de tránsito deben estar guiados por el objetivo último de mejorar la seguridad y movilidad en la ciudad. Por ello, más que la fiscalización con grúas es recomendable tomar otro tipo de medidas que han demostrado ser mucho más efectivas en este propósito. Un buen diseño urbano, que dificulte el incorrecto estacionamiento y facilite la caminata puede ser mucho más eficaz que un escuadrón de ávidos gruyeros, lo mismo que la implementación de un programa de educación de comportamiento vial constante, cuyos resultados generalmente tienen una alta persistencia en el tiempo.

Fiscalización siempre va a ser necesaria, pero ya está claro que las multas en dinero usualmente no son la mejor manera de cambiar hábitos de larga data, que para ello hay fórmulas mucho mejores, aunque no generen los mismos recursos que una flota de grúas.


[i] “Rechazan capitalinos incremento en el número de grúas”, El Universal, 14 de junio de 2008