Por: Metrópoli 2025.

A menos que sufran un desperfecto, diariamente rondan las calles de la capital 226 grúas; 61 de la Secretaría de Seguridad Pública del DF y 175 de 4 empresas que obtuvieron la concesión del servicio de arrastre, gracias a que presentaron las propuestas económicas más bajas en la licitación; operan desde septiembre de 2007 y su contrato concluye en diciembre de 2009.

El motivo de privatizar el arrastre vehicular, dice el GDF, es mantener las calles libres de obstáculos a la circulación y, en específico, hacer valer la normatividad vial capitalina, en el entendido que la efectividad de la aplicación de la norma es mayor si la realiza un privado que el gobierno en turno.

Para operar el servicio, las autoridades locales definieron 8 áreas de actuación para las empresas, quedando la octava desierta dado que nadie presentó propuesta para atender a Iztacalco – Iztapalapa. En cambio, las siete áreas donde sí actúan dichas empresas se caracterizan por contar con un importante aforo vehicular, pocos o ningún estacionamiento público con tarifas accesibles para los conductores, apropiación de las calles por los viene viene – que restan lugares públicos a los visitantes para dejar su automóvil, a menos que le entren al quite -, e importantes equipamientos que atraen público por las más diversas razones, sin que los mismos cuenten con las condiciones para atender la demanda de aparcamiento que significa dicha fuerza centrípeta.

Las cuatro empresas ganadoras de importantísimo negocio no necesariamente se caracterizan por sus antecedentes en el ramo. Transperc SA de CV es una empresa dedicada al servicio de autotransporte en general y al traslado de vehículos; cuenta con una flota de 85 grúas. Grupo Conagra SA de CV, es una prestadora de servicios y comercializadora que, para el negocio de arrastres, cuenta con 30 grúas. Construcciones y Diseños Los Ángeles, de plano no tiene giro, pero tiene 30 grúas para prestar el servicio de arrastre vehicular. Finalmente, Feramo, de José Federico Ramírez, se dedica al transporte de agua potable y tratada, sin embargo tiene un parque de 30 grúas para la misión de arrastrar vehículos mal estacionados en calles de la ciudad de México.

Estas empresas cobran por arrastre 236.9 pesos, IVA incluido. Al concluir su contrato habrán realizado 1 millón 470 mil servicios, por los que obtendrán 348 millones 243 mil pesos. Lo anterior significa que lograr la meta fijada en la licitación implica arrastrar a diario 1,723 vehículos a los depósitos vehiculares del DF. En un turno, digamos “normal”, de 9:00 am a 18:00 pm, cada hora se estarían llevando 190 vehículos, por lo que toda la flotilla de grúas, cual parvada, estaría en funcionamiento, sin descanso.

Por fortuna, el despliegue de esta fuerza no es en toda la ciudad. Transperc SA de CV distribuye sus unidades en tres corredores “conflictivos”. El primero es Polanco – Anzures – Guerrero- Santa María La Ribera, el segundo Centro – Morelos y el tercero Roma – Condesa. Grupo Conagra SA de CV pone a rodar sus unidades en Tacubaya – Revolución – San Ángel y en Copilco – Universidad – San Jerónimo. Construcciones y Diseños Los Ángeles cubre los perímetros de Coyoacán – Tlalpan y Feramo el área de Lindavista – Azcapotzalco.

Pero ¿por qué el personal de estas empresas está dispuesto a cubrir las metas financieras de sus empleadoras y en especial a mostrar tremenda eficiencia en su desempeño?

El sueldo de los gruyeros es de 1,000 pesos semanales. La cuota de vehículos que cada par de operarios debe llevar es de 10 diarios, o sea uno cada hora. Esto significa que, para lograr obtener un ingreso superior al estipulado en su contrato, cada par de operarios debe extorsionar a igual número de automovilistas enganchados. Dado que la multa por estacionarse en lugar prohibido (que incluye infracción, arrastre y derecho de piso en el corralón) es de 530 pesos, y la empresa recibe 236.9, obtener 200 pesos de un automovilista enganchado significa obtener ingresos 4 o 5 veces superiores a los que sus empleadores les pagan.

Con esta fórmula, ingeniosamente pensada, la corrupción se da al nivel operativo sin que se toque la estructura misma del negocio, es decir al GDF y a las empresas concesionarias. Es decir, la conducta perversa de corromper la ley se da nuevamente en los agentes de tránsito operarios de las grúas. De este modo, privados y gobierno se lavan las manos de cualquier señalamiento de corrupción en el programa.

Para superar el problema es impostergable que los empleados del nivel operativo de tal negocio, obtengan un mejor salario que el que actualmente tienen. Probablemente con esto superen la tentación de completar el gasto mordiendo el bolsillo de los automovilistas.