Por: Jesús Méndez.

Las expectativas en materia económica para los aproximadamente 20 millones de habitantes de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM) durante el ario que inicia son francamente pesimistas. Esta conclusión se sustenta en las proyecciones del comportamiento que tendrán las principales variables macroeconómicas del país, provenientes del gobierno federal.

Recientemente, en la primera semana del ario que inicia, el titular de la Secreta ria de Hacienda y Crédito Público acepta que el crecimiento de la economía nacional del ario en curso será de cero, es decir, que no habrá aumento de la actividad económica comparada con 2008. Posteriormente el gobernador del Banco de México afirmó que esa es una previsión optimista, lo que significa que el desempeño de la economía puede configurar una situación de mayor gravedad.

Si las estimaciones oficiales son correctas, al cierre de 2009 los indicadores macroeconómicos como la inversión nacional y externa, la producción, las exportaciones, el empleo los salarios reales y la demanda agregada, experimentaran un evidente deterioro.

Lo anterior se traducirá en la nula creación de nuevos empleos en el sector formal de la economía, por lo que se prevé que las mas de 100 mil personas que este ario se incorporaran por primera vez al mercado de trabajo en la ZMCM, busquen refugio en la economía informal, en la que los empleos se caracterizan por su mala calidad, es decir, en ocupaciones de baja productividad, baja remuneraci6n y carentes de cualquier prestación social.

La prioridad de la política económica será el mantenimiento de una inflación reducida, por lo que, el Banco de México orientara todos sus esfuerzos para evitar que el índice de precios al consumidor alcance los dos dígitos, aunque ello se logre conteniendo la demanda agregada, conformada por el consumo final de la población, así como por la demanda intermedia que generan las empresas en sus labores productivas. Con otras palabras, como ha ocurrido desde hace mas de 20 arios cuando se inici6 el cambio estructural de la economía mexicana, se mantendrá controlada la inflación a costa del bienestar de la población.

La situaci6n de la economía de la ZMCM puede ser aun peor, debido a que por ejemplo, en las últimas tres décadas la ZMCM ha manifestado un menor ritmo de crecimiento económico comparado con la economía del país en su conjunto. Por ello, mientras en 1980 la ZMCM contribuyó con el 37% del PIB nacional, a inicios de la presente década solamente lo hizo con el 30%.

Otro dato ilustra igualmente esta tendencia. Mientras entre 2000 y 2006 la economía del país creció a una tasa promedio anual del 2.3 por ciento, el DF lo hizo solamente al 0.8 por ciento. Una de las principales causas de esta tendencia se encuentra en los efectos que la mundialización de la economía mexicana propició en la capital de la República.

En efecto, desde principio de la década de los ochenta del siglo pasado, la ciudad experimentó una desindustrialización originada en la relocalización de la planta asentada en su ámbito geográfico ya que emigro a otras regiones del país, específicamente hacia el centro y el norte de la República Mexicana.

En tal virtud, mientras en 1980 la industria manufacturera de la ZMCM contribuyó con el 47 por ciento del PIB nacional, en el ario 2000 dicha proporción se redujo al 29 por ciento. Asimismo, mientras en 1993 el PIB del DF represento el 24 por ciento del producto de todo el país, en 2006 equivalió al 21.5 por ciento, para una perdida de 2.5 puntos porcentuales en dicho lapso.

La economía de la ZMCM tiene una estructura en la que prevalece el sector servicios, más del 70 por ciento de su PIB proviene del conjunto de ramas dedicadas a los heterogéneos servicios que se ofrecen en la metrópoli. Si bien dicho sector es el que menos se encuentra vinculado directamente a los mercados externos, comparado con la agricultura y la industria, por sus propias características, manifiesta una acentuada reacción procíclica respecto del comportamiento de las economías nacional y estadounidense. Con otras palabras, el desempeño de las ramas de servicios se orienta a atender el consumo final de bienes y servicios de la población (comercio, educación, salud, transporte, etc.), así como a satisfacer la demanda intermedia de las empresas (transporte, servicios financieros, de asesoría profesional en materia contable, jurídica, de publicidad, etc.), muchas de ellas vinculadas a los mercados externos.

Esas características de funcionamiento del sector terciario predominante en la ZMCM, colocan a la ciudad en una situación suma vulnerabilidad ante las perturbaciones económicas que de manera recurrente aparecen. Como lo demostró la crisis económica financiera que estalló en México en 1995, el descenso de la capacidad adquisitiva de la población, así como el colapso de la actividad productiva, afectaron de manera palmaria el desenvolvimiento de la economía terciaria de la ciudad.

En ese contexto, es posible concluir que la mayoría de la población que habita la ZMCM experimentara un deterioro de su nivel de vida, particularmente la población que se encuentra en condiciones de pobreza moderada y extrema. Eso quiere decir que aumentara la cifra de 8 millones de personas que se encuentran actual mente en dicha situación.

No obstante, los efectos adversos en el tejido social alcanzaran también a la multitudinaria clase media de la ciudad de México, la cual asciende a aproximadamente 9 millones de habitantes, quienes verán afectados sus niveles de consumo y por tanto, de bienestar.

Una crítica permanente al modelo económico prevaleciente en el país desde hace 25 arios, ha sido su incapacidad para evitar las crisis recurrentes, así como su vulnerabilidad para impedir el impacto negativo de las crisis externas, como la actual, la cual se originó en los Estados Unidos. La estabilidad en el crecimiento de la economía, en un contexto de baja inflación, sigue siendo un objetivo no alcanzado todavía en México.

La ZMCM no esta excluida de este fenómeno, al representar la mayor concentración urbana de México y una de las mas grandes del mundo, los efectos de las crisis manifestados en un mayor desempleo, carestía y deterioro en los niveles de vida de millones de mexicanos, plantea un enorme reto para todos, gobernantes de los tres ordenes, federal, estatal y municipal y gobernados.

Para los primeros el desafío consiste en enfrentar con eficiencia la crisis, mediante los instrumentos de la política económica y social. A los segundos, la apremiante situación los obliga a definir estrategias de sobrevivencia, entre las que destacan reestructurar el nivel y la calidad de sus gastos por una parte, y por otra, al aumento de sus ingresos mediante la incorporación masiva de los miembros de la familia en actividades laborales escasamente remuneradas en el sector informal de la economía.

A lo que no podrán recurrir por el momento las familias mexicanas es ala migración de los trabajadores, hombre y mujeres, al gran mercado laboral estadounidense, como sucedió en las ultimas décadas, debido a que los efectos de la crisis económica en nuestro vecino del norte ha obligado alas empresas a efectuar despidos masivos, lo que ha reducido el nivel de las remesas que los trabajadores mexicanos envían a sus familias en México, complicando aun mas la situación.